ENTREVISTA: ALBERTO GAMBOA

Hoonsanim Alberto Gamboa
hoonsanim Korea 2007

Hoonsanim Alberto Gamboa durante la competencia de Hosinsool en Yong In Corea del Sur, el año 2007

Se trata del director del Centro de Artes Marciales Moonmukwan ubicado en Av. Isabel la Católica #6028 en la comuna de Las condes. Hoonsanim, como le dicen sus alumnos ya cumplió los 60 años, va camino a los 61 y se encuentra en pleno proceso de crecimiento, él asegura que aún tiene muchos desafíos por delante y mucho que aprender, aunque viene llegando de su décimo viaje a Corea del Sur (Septiembre 2012) donde obtuvo su 7mo Dan como maestro de Hankido. Le carga que le digan maestro, sobre todo porque en estos tiempos se ha interesado en la poesía coreana.

Alberto, viajó por primera vez a Corea para probarse como alumno del Gran Maestro Fundador del estilo Hankido y volvió como Discípulo directo del mismísimo Myong Jae Nam Kuksanim, un sueño hecho realidad.

¿Cómo o por qué decidió viajar a Corea para probarse como alumno del gran maestro fundador del Hankido?

Hoonsanim samulnori  
Para hacer las cosas bien.
Al irse Moon Sabunim, mi escuela quedó acéfala y yo sin guía ni maestro.
Le pedí permiso a mi jefe, para contactarme con la HKD y de esa forma lograr un puente directo a Korea.
Difícil tarea, sicológicamente y también económicamente hablando.
Vendí mi escarabajo regalón y partí a Seúl con las patas y el buche.
Tuve suerte… conocí al que es mi guía hasta ahora, aunque su aliento ahora me llega de la eternidad. Con él aprendí lo que es amar mi arte marcial y también aprendí lo que es ser leal hasta más allá del infinito. Y seguiré su huella hasta que me muera.

 

Después de 10 viajes a la tierra de los amaneceres tranquilos (Corea), Hoonsanim ha visto el cambio que ha vivido ese país, algunos dicen que en Seúl se alejaron de la tradición poco a poco, para dejar entrar la modernidad de lleno. La tecnología en la capital es abrumadora… pero también usted ha visto la Corea de pueblos pequeños, poblados donde aún luchan por mantener latentes las tradiciones culturales.

Tomando en cuenta lo anterior, cuéntenos cuáles han sido los momentos y experiencias memorables en sus 10 viajes a Corea del Sur.

 
  • El olor a Kimchi en Kimpo Airport, la primera vez que toqué suelo coreano.
  • La sensación de extraterrestre, en una Korea noventera, que abría los ojos a occidente, con mayor énfasis en la cultura gringa.
  • El budismo, poco convencional, como monjes manejando el Hyundai deportivo de moda y comiendo en las escaleras del templo, una hamburguesa con queso caliente.
  • La vida natural y simple de un dojang, con cabros chicos jugando al futbol y después el sabum de turno, preparando un bulgogui en medio del mat, lo más hediondo y fritanguero posible.
  • La voz coreana de KookSaNim, que me sonaba familiar, solemne, cariñosa, autoritaria, como un Barry White del Funk de los 70`s
  • Lo terriblemente moderno, de la mano de lo tribal y ancestral de sus costumbres.
  • Las montañas con nieve y durmiendo en el suelo, en un departamento de 10 x 5, donde convivíamos ocho personas.
  • Los baños, experiencia letal y caprichosa.
En fin, podría dar muchos tips, pero el resumen es ¡SORPRESA!

 

Me gustaría ir un poco más al pasado y remontarnos en aquella época en la que usted fue karateka (cinturón negro) y también cuando obtuvo su primer thuan en Taichi, con el profesor Jiang Hwa Wang, también conocido como el profesor Kin.

¿Cómo siente usted que este conocimiento previo influyó en su práctica de Hankido?

 
Nací en el Bullying de un colegio Salesiano del paseo Las Delicias de mi Madrid de la Infancia.
Mi vieja, que estudió en la legión extranjera, me dio 2 meses para revertir esta situación, ateniéndome a las penas del infierno si no lo conseguía.
Por lo tanto, mi infancia fue acunándome con sacos para golpear mis puños y piernas, aprender caídas y tomadas con olor a judo y mis póster de pared de Bruce Lee y uno que otro chino de la película más comentada, “El boxeador Chino”
De ahí al Karate duro, fuerte y lleno de simbolismos de mi primer sensei en Chile Víctor Valdivia.
Me hicieron entender que mi camino en la vida era ser artista marcial.
Jiang Hwa Wang sabunim, me dio la arista suave, pero con la demoledora frase en la cabeza… – Mano de fierro en guante de terciopelo -.
Cada uno de ellos me dieron las herramientas y los principios para indagar poco a poco en el Hapkido de Choi Sabunim y terminar como el continuador de la misión de Moon Sabunim en Chile.

 

El año 1996 no solo viajó a Corea, sino que también fue invitado por kuksanim para acompañarlo a dictar seminarios de introducción de Hankido en Europa, usted participó como instructor del staff en los seminarios de España y Holanda. Seguro que esa ha sido una experiencia inolvidable…

¿Cómo fue esa experiencia junto a kuksanim?

 

Hoonsanim en InCheon

Mi viaje a Europa con Kuksanim fue darle el 
certificado o diploma a mi lealtad, gratitud y admiración hacia Kuksanim.
Su gesto de confianza hacia mi, pese a que recién comenzaba mi camino en Hankido es algo imborrable en mi corazón desde el punto de vista marcial.
Pero también marcó más mi cariño hacia él, al compartir esta gira con mi madre.
Su relación fue de tremendo respeto y dedicación, pese al efecto cultural de Korea, con respecto a la relación con mujeres.
Y eso obviamente no se olvida.

 

Al parecer, su vida siempre ha estado ligada a España… incluso ahora es el director de la IHF para la península Ibérica. En todo caso está claro que su contacto con ese país viene desde hace mucho más tiempo.

¿Cómo fue su infancia en España?

 
Dura, feliz y enriquecedora.
España es y será siempre mi segunda tierra, aunque no tenga derecho a doble nacionalidad. Mi carácter se forjó, en las calles del Madrid castizo, entre Carabanchel y la Plaza España, entre Atocha y Argüelles, entre el Parque del Retiro y la Moncloa.
Mis primeros “chatos”, cigarrillos, el primer beso, los guateques, los botijos, las ferias, las pandillas, en fin, mi pubertad y adolescencia, mi religión, mi música rockera en español (Miguel Ríos, los Bravos y tantos más) y mi acento español catizo del Madrid  de toros y ventas.
Y mi corazón sigue allá, haciendo guardia en un cementerio chiquito y hermoso de Segovia.

Entonces usted volvió de España para enlistarse con 14 años en la Armada de Chile, donde años más tarde se recibió como Oficial de la Armada.

¿Cree usted que la formación que recibió en la Marina de Chile influyó en la forma que tiene hoy en día de enseñar en Hankido?

 

Hoonsanim ARMADA

La marina es la escultora de mi personalidad.
Agarró los moldes de barro y los cinceló con clavos de disciplina, obediencia, responsabilidad y mando.
Un artista marcial debe seguir la ruta del líder. No se si bueno o malo, pero líder al fin.
Y mi camino sigue aún en lograr más conocimientos del ser humano, para entregar a los que siguen esta ruta lo mejor de mi.

 

Y para cerrar este reportaje especial quisiéramos que nos cuente un poco sobre su afición por la poesía…

 
La esencia está en mi facilidad de abrir mi corazón, sin vergüenza, a los sentimientos del ser humano.
En la medida que siento el ritmo del lenguaje, siento que es imprescindible poder entenderlo, masticarlo y llevarlo al rincón más noble de mi alma. Así mi forma de Hankido es real, humana y romántica.
Estoy convencido que toda expresión del alma reconforta, ayuda y ennoblece.
La música, la pintura, el baile y por sobre todo la escritura que evoca lo más bello o lo más sórdido.
Quisiera ser de verdad, un artista en todo sentido de la palabra y tener la capacidad del peor virus o bacteria, para infectar a todo el mundo con amor o con odio.
De las dos formas aparece el hombre o mujer que no es indiferente a los colores de la vida………….